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Introducción#

agosto 15th, 2012 by Akasha Okuma

15/Julio/1999

Los cálidos rayos de sol acarician hoy mi pálida piel mientras camino junto a ella, la chica a la que tanto he admirado desde el día de mi nacimiento cinco años atrás.. Su largo y brillante pelo rojo me recuerda que yo no pertenezco a esta familia, pero me da igual, para mi ella siempre será mi hermana. Tiene diez años más que yo, sin embargo no protesta cuando tiene que venir conmigo a la playa, eso es lo que más me gusta de ella, siempre sonriendo.. siempre luchando por protegerme.. Hoy, cómo cada sábado hemos salido de la pequeña cabaña de madera en la que siempre paso las vacaciones de verano y hemos arrojado los zapatos para poder sentir la arena bajo nuestros pies. Como siempre hemos estado jugando con las olas y, cuando nos hemos cansado del mar Ginny ha experimentado una nueva forma de como no se deben hacer los castillos de arena.

 

Por la tarde hemos decidido volver a la playa, siguiendo el mismo ritual hemos caminado hasta la playa, nos hemos deshecho de las chanclas y esta vez también de nuestra ropa. Las tardes siempre se dedicaban a bañarnos, nunca entendí bien porque pero jamás rompería con sus tradiciones o la molestaría insinuando que eran innecesarias. Hoy pasó algo extraño, estaba jugando con Ginny cuando mi visión comenzó a nublarse, pronto sentí como me quedaba dormida, mecida por las leves olas. Por un momento pude oír a Ginny gritar “¡Katja!” Pero aunque no pudiese abrir los ojos sentí como si realmente estuviese despierta, pero sin ser yo realmente. Pude oír más gritos, Ginny parecía asustada y su respiración era agitada. Pronto dejé de oír su respiración y sus gritos, también fui capaz de abrir los ojos y reaccionar. Estaba tendida en la arena, abundante pelo rojo flotaba en el agua, su propietaria ya no se movía, simplemente era arrastrada por las olas.

 

Mis gritos debieron ser fuertes, porque mi padre apareció junto a mi “madre adoptiva” y, sin hacer preguntas, sacaron el cuerpo de Ginny de la playa. Probaron de todas las formas posibles que volviese a respirar, pero Ginny estaba ya demasiado pálida y fría.. y su corazón no quería latir, ni sus pulmones coger aire. En ese momento sentí como dentro de mi todo se rompía, quise llorar, gritar.. pero simplemente quedé paralizada, viendo como la madre de Ginny, una mujer alta con el pelo rojo lloraba junto al cuerpo.

 

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Buenas, aquí os dejo una pequeña introducción para “Mis Diarios” o “Los Mundos de Pandora” (a falta de un título tengo dos(?)). Espero que os guste esta pequeña historia.


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